Cuando yo era joven, se decía que el matrimonio era una institución en decadencia.
Los años pasaron y, actualmente, creo que en cualquier momento las parejas jóvenes van a empezar a contar sus aniversarios en términos de semanas. Y cualquier unión que dure un par de meses va a ser considerada "de fierro".
Así están las cosas y no vale la pena ponerse a hurgar en las causas. Pero si me preguntan a mí (que no sé nada), creo que la forma en que se vive hoy en día conspira contra las uniones a largo plazo.
Porque la gente, pese a todo, desearía que sus relaciones durasen. Si después se aburren, es otra cosa. Si le tienen pánico al compromiso, es otro tema.
La cuestión es que quisieran una pareja duradera. Y si no, vean esta especie de "ritual" que está de moda para sellar el amor por siempre:
la cuestión de los candados.
Aquí en Montevideo tenemos esa fuente que se ve en la imagen, que está en la esquina de 18 de Julio y Yi.
Adosada a la fuente hay una plaqueta que explica en pocas palabras lo que sería una leyenda moderna:
"La leyenda de esta joven fuente dice que si se le coloca un candado con las iniciales de dos personas que se aman, volverán juntas a visitarla y su amor vivirá por siempre"
La propuesta ha tenido andamiento y a esta altura hay muchos candados en la fuente, lo cual viene a probar de alguna manera lo que les decía. Pero les sorprenderá saber que la costumbre está extendida por el mundo.
En París, el lugar elegido para la colocación de candados es el
Pont des Arts, que pueden ver a continuación:
La moda de colocar estos candados por parte de los enamorados provocó un enfrentamiento entre el Ayuntamiento y la opinión pública.
Las autoridades parisinas amenazaron con retirar todos los candados, mientras que los ciudadanos se oponían. De todas formas,
la cuestión quedó solucionada de forma misteriosa durante este mes, cuando de la noche a la mañana desaparecieron los miles de candados que, según se estima, estaban en el puente.
No fue el ayuntamiento parisino quien los hizo retirar y, hasta ahora, nadie sabe quién lo hizo y nadie vio a los responsables en plena tarea (probablemente, un buen tema para los "
Expedientes XXL").
Si París es la ciudad del amor, tampoco es que Londres se quede atrás. Aquí a continuación vemos el
Millenium Bridge con algunos de los primeros candados de enamorados que le colocaron:
Y tampoco se quedan cortos los camaradas rusos. Vean cómo está el
puente Tretiakov en Moscú:
Del mismo modo, el
Puente de Triana, en Sevilla, ha pasado por el mismo proceso como pueden ver:
Como ven, a esta altura el fenómeno se ha extendido notablemente. En las localidades europeas que mencionamos,
el rito gira alrededor de puentes, siempre de puentes.
Si en Montevideo no ha sido así, es porque casi, casi carecemos de alguno que pudiera servir a tales efectos con facilidad.
Pero aún no llegamos al centro del asunto, que es: ¿de dónde surge esta moderna costumbre?
Buscando pistas, tenemos que llegar adonde conducen todos los caminos: a Roma.
Es en esa ciudad donde encontramos el
Ponte Milvio, que aquí van a ver:
En particular, les invito a observar
uno de los faroles del Ponte Milvio:
Mírenlo bien, porque
ese pobre farol doblado por el peso de tantos y tantos candados, es el punto cero de la epidemia de candados de enamorados.
Todo comenzó con una novela llamada "
Tengo ganas de tí", cuyo autor es el escritor italiano
Federico Moccia.
En un pasaje de la obra, uno de los personajes inventa para su amada una especie de leyenda, que dice (ya lo adivinaron) que el amor de una pareja queda sellado al colocar un candado con sus nombres en un farol concreto del Ponte Milvio y arrojar la llave al agua.
La novela conoció el éxito a nivel local, luego se adaptó al cine y también tuvo buena taquilla, etc., etc.
En consecuencia, comenzaron a aparecer candados en ese pobre farol del puente. Luego los colocaron en el resto del puente, cuando el farol ya no daba más. Y luego fue en otros puentes, en otros países. Hasta que finalmente alguien por estas tierras pensó que una fuente podía servir a tales efectos.
Y allí están los candados, que cada vez son más.
Quién iba a decirlo, pero el romanticismo perdura en el siglo XXI.
(Eso sí: si usted pesca a su novio/a comprando una docena de candados en la ferretería, mejor empiece a sospechar cuando le venga con la "romántica" idea)