lunes, 10 de mayo de 2010

LA TERCERA FUE LA VENCIDA


Navegando al azar en la red me encontré con esta imagen de lo que parecía ser un buque varado en una playa.
Averiguando un poco más, llegué a la historia del "Desdémona", buque mercante que hoy es tan sólo una buena oportunidad de lucimiento para fotógrafos.


El "Desdémona" fue un buque mercante de casco de acero, botado en el año 1952 en un astillero alemán.
Tenía dos naves gemelas, de nombres "Ofelia" y "Cleopatra".
Luego de un tiempo prolongado del cumplir servicios sin mayores contratiempos, en 1969 pasó a ser propiedad de la compañía argentina "Cormorán Líneas Marítimas".


En el año 1983, un día del mes de julio quedó varado frente a Mar de Ajó, en la provincia de Buenos Aires (Argentina). Debido a una fuerte sudestada y a una gran bajante coincidente, el Desdémona quedó encallado a cien metros de la playa, habiendo perdido sus dos anclas en el contratiempo.

Sin embargo, a los pocos días logró zafar por sus propios medios y se dirigió a puerto para las necesarias reparaciones. Esto significó un viaje de diecisiete días yendo escorado y con toda la carga, pero el buque lo resistió.


Pasó el tiempo y el "Desdémona" sufrió una nueva varadura, esta vez en Río Grande (Tierra del Fuego, Argentina), de la cual también salió por sus propios medios, aunque le demandó veinticinco días poder zafar.

Y la tercera sería la vencida, en circunstancias más que curiosas. Cumplía un viaje de Comodoro Rivadavia a Usuahia con un cargamento de bolsas de cemento.
Sorprendido por un temporal y sufriendo averias en el casco, a fin de evitar el naufragio seguro, el capitán decide maniobrar para vararlo en la playa del Cabo San Pablo.

La idea era que el barco no se perdería y que lograrían sacarlo de su encalladura en la playa.
Sin embargo, no fue así: no resultó posible hacerlo a la mar nuevamente. Allí quedó, sufriendo posteriormente un incendio.
La Armada argentina estudió la posibilidad de retirarlo, pero el proyecto fue abandonado.

Como dije al principio, hoy es oportunidad de buenas tomas para quien gusta de la fotografía.



sábado, 8 de mayo de 2010

ME ESTAS ABURRIENDO UN POCO


Decididamente, he llegado a la conclusión de que mi operador de TV cable intenta batir un récord, ganar una apuesta o algo por el estilo.
Por poner un ejemplo, este mes repite cuarenta veces una película ("Gritando y pataleando", comedia del año 2005 con Will Ferrell).

Demasiado es demasiado.

jueves, 6 de mayo de 2010

ESTAS MUJERES QUE SE VISTEN DE CUALQUIER MANERA


Ya quedó desvelado el misterio de las últimas catástrofes naturales que se han producido en el mundo.
La culpa la tienen las mujeres.

Por lo menos, esa es la pavada que salió a decir un clérigo islámico llamado Kazem Sedighi, importante figura religiosa en Teherán.
Según el buen Kazem, que parece ser un poquito cerrado, resulta que las mujeres que no respetan la manera islámica de vestir y corrompen a los jóvenes, son las causantes de los terremotos que se han registrado últimamente.

El problema no es que el tipo lo diga.
El problema es que habrá quien le crea, pueden estar seguros de eso.

martes, 4 de mayo de 2010

ALGO PARA (NO) CONTARLE A LOS NIETOS


El hombre de la foto se llama Paul Hutton y ya tiene una historia para contar a los nietos. Si quiere que le pierdan todo el respeto, claro.

Resulta que el buen Paul fue arrestado por la Policía, que lo pescó totalmente borracho y conduciendo por la calle un coche eléctrico de Barbie para niños.

Todo comenzó cuando un buen (mal) día encontró abandonado un auto eléctrico de Barbie, de tamaño suficiente para que una niña pequeña lo maneje.
Al verlo, Paul pensó que reparar y "tunear" el cochecito sería un buen proyecto para realizar con su hijo, que estudia mecánica automotriz. Y entonces, ni corto ni perezoso, se lo llevó a su garage.

Los días pasaron y los Hutton metieron mano al autito: le repararon el sistema eléctrico, le colocaron una batería nueva y hasta lo pintaron de color blanco:


Tan pero tan orgulloso estaba Hutton padre de su cochecito tuneado, que decidió mostrárselo a un amigo que vive a cinco calles de su casa.
Pero en vez de llamar al amigo para que viniera a verlo, no se le ocurrió mejor cosa que sacar el autito a la calle, subirse al mismo como pudo y, totalmente arrollado y encogido, meter "acelerador a fondo".
Claro, estaba borracho como una cuba.

Quiso el destino que dos policías a esa hora de la noche estuvieran patrullando esa calle.
Y sólo Dios sabe lo que pensaron cuando vieron al Sr. Hutton subido a ese cochecito como un contorsionista, haciendo eses por la calle, a la "escalofriante" velocidad de 6 kilómetros por hora (máxima del autito).

Arrestado y derivado a Juez (cuando se le pasó la borrachera), resulta que don Hutton tuvo que pagar 85 libras de multa y se le retiró la licencia de conducir por tres años.
Además, supongo que en su ciudad hasta los perros se ríen de él (y con razón).

domingo, 2 de mayo de 2010

MATAR A BILL (CON UNA CANCION)



Más allá de que "Kill Bill" me gustó mucho por el filme en sí, la banda sonora tiene puntos bastante interesantes.
Uno de ellos es "Bang Bang (my baby shot me down)", canción escrita por Sonny Bono, interpretada originalmente por la mítica cantante Cher.

El mismo año que Cher la puso en los charts (1966), Nancy Sinatra grabó una versión que es la que aparece en la banda sonora de Kill Bill.
Además, el tema ha sido versionado por una multiplicidad de artistas: Stevie Wonder, Frank Sinatra, Cliff Richard y muchos más.
Para lo anecdótico, les cuento que la canción ha sido usada hasta en una publicidad del Lancia Musa donde la protagonista es Carla Bruni.

Como sea, sale del baúl del Pelado una versión interpretada por Elodie Frege y Renan Luce, que vale realmente la pena.

viernes, 30 de abril de 2010

ADULTERIO Y MARKETING


Tremendo despipiole se armó los otros días en los medios de comunicación nacionales.
Sin saber mucho de qué hablaban, más de cuatro salieron a informar que existía un sitio web que promovía el adulterio.
Se referían a "The Ashley Madison Agency", aunque muchos lo identificaron de cualquier manera.

Se ve que era un día medio pobre de noticias, porque el sitio no es "nuevo" en absoluto.
Es más, ya se lo ha mencionado profusamente y con anterioridad en blogs, foros, periódicos y canales de TV extranjeros.
Sobre todo, cuando se supo que sus dueños le ofrecieron 5 millones de dólares a Tiger Woods para que promocionara esa web (por razones más que obvias).

Tampoco es el único sitio de ese estilo ni mucho menos: ahí están "Married Secrets", "Meet2cheat" (desde 1998 en línea), "Illicit Encounters" y otros muchos.
Entonces, ¿a qué se debe tanto alboroto? A que tienen un marketing muy bien pensado, evidentemente.

Noel Biderman, uno de sus responsables, se ha ocupado de "posicionar" la web en boca de los medios.
El tipo vende su producto lo mejor que puede. Y como en estos tiempos que corren da lo mismo vender fe que armas nucleares (mientras se salga con una buena campaña publicitaria), pues también "se vende" el adulterio.


En consecuencia, su sitio pasa por ser "el último grito" en materia de aventuras extramatrimoniales.
Por un precio registran al nuevo usuario, por otro precio le venden un paquete de mensajes, etc., etc.
O sea, deben currar de lo lindo.

Además, según Biderman, son de lo más discretos: el cargo en su tarjeta de crédito no viene a nombre de "The Ashley Madison Agency" para que se entere todo el mundo (incluido/a el esposo o la esposa correspondiente).
Pero en menos que canta un gallo se supo a qué nombre viene el gasto, de modo que si usted nota un cargo a nombre de "ADL Media" en la tarjeta de su media naranja......pues ya sabe de qué viene la mano.

Y encima, sucedió algo que es muy normal en el mundo de los negocios: cuando alguien descubre un nicho de mercado en materia de servicios, también da pie a que otros busquen oportunidades en el terreno creado.
Así pues, han surgido sitios como "Chat Cheaters", que ayudan a hacer un seguimiento de los hábitos de navegación de los "sospechosos" de infidelidad.
Y se han ido para arriba las ventas de un software llamado "eBlaster" (a 100 dólares la unidad), que almacena y reporta todos los mails, páginas, mensajes, chateo y demás actividad que se haya realizado en una máquina. Incluso con posibilidad de enviarle a usted un alerta inmediato ante ciertas "palabras clave" que haya tecleado su media naranja (esto está abierto a la imaginación de cada quien).

En fin.

Como bien decía mi abuela, "nunca falta un roto para un descosido".
O sea, creo que cuando alguien está para la joda, no importa si está fuera de casa diez horas al día o si lo único que hace es ir al supermercado una vez por semana. Ya encontrará alguien que le siga el juego.
Con o sin cibernética de por medio.

martes, 27 de abril de 2010

POR QUÉ LOS CHARRÚAS ERAN SABIOS


Si es cierto que las máquinas acabarán por dominarnos, estoy seguro que en el mundo robotizado del futuro los autos han de ser muy respetados, por ser el cachivache mecánico que más dolores de cabeza le dio al ser humano.

Y es que nos comportamos de manera muy extraña en relación a los vehículos motorizados.
Si se trata del primer auto que tenemos, suele ser adquirido con esfuerzo. Enseguida lo "personalizamos", porque al parecer no soportamos verlo como una simple máquina: le ponemos una cintita roja, un imán de algún santo, una calcomanía, qué se yo.


Casi que lo tratamos como a un hijo.
Lo cual, bien mirado, es coherente. Porque nuestro mecánico se encargará de hacernos creer que mantener bien un coche cuesta lo mismo que mantener un hijo (con Harvard y posgrado incluidos).

Ahí es cuando empezamos a ponernos maniáticos. "Le estoy sintiendo un ruidito al motor", decimos.
Y embromamos a todo el que se sube al auto con la misma cantinela: "¿Vos no sentis un ruido raro?"
Encima nos enojamos si el otro no oye nada extraño: "Claro, si no prestás atención...."

¿Resultado? Vamos al mecánico. Que nos espera con los brazos abiertos.
Le dejamos "la criatura" y a la media hora nos llama: "Menos mal que lo trajo, porque se le estaba por aflojar la bartrubia de la cirenaica". Que ni sabemos lo que es.
Clin, caja.


Para peor, nos ponemos tontos con los mecánicos. Igual que las mujeres con las peluqueras.
"Nadie me hace el color como Fulanita", dicen ellas. Haciendo énfasis en el NADIE.
Y no se dan cuenta de que Montevideo está repleto de peluquerías de damas donde otras tantas Fulanitas hacen el color como NADIE, según un montón de clientas.

Con el mecánico es lo mismo.
"Yo no le llevo el auto a nadie que no sea Fulano", decimos nosotros. Con énfasis en el NADIE.
Y no pensamos que otro montón de talleres tienen un fangote de clientes que piensan que NADIE es un mecánico tan bueno como el suyo.



Pero la sicosis automotriz puede asumir otras formas.
Están, por ejemplo, los que tienen terror de que les arruinen el tapizado del auto. Esos, si tienen hijos, los trauman para toda la vida.
Les hacen perder toda noción del bien y del mal, porque los nenes crecen pensando que es mucho más grave dejar un chicle pegado en el asiento de atrás, que violar a la directora de la escuela.

¿Y qué decir de los que temen que les rayen la pintura del coche?
Es fácil reconocerlos: son esos que empiezan a sudar copiosamente apenas tienen que dejar el auto estacionado en alguna parte.
Piensan que el cuidacoches les va a rayar la pintura. Piensan que el empleado del parking les va a rayar la pintura. Piensan en lo que hará el conductor del auto que está estacionado detrás cuando se vaya. Y el de adelante. Y el del costado.


Otra cosa que habrán notado es el problema de la transformación.
¿A qué me refiero con eso?
A un asunto por todos conocido: el tipo que es como el Doctor Jekyll en su vida diaria, pero lo ponen ante un volante y se transforma en Míster Hyde.

Amable, coherente, educado y respetuoso en su vida diaria, resulta que se sube al auto y en un tris-tras se convierte en un demente alocado de película.
Toca bocina, hace cambio de luces, grita improperios, se pone rojo de furia, se pelea con el mundo entero. Y se convence de que todos LOS DEMÁS conductores son unos burros. Él no, por supuesto.


Y hay otros personajes en la selva de las bujías.
Uno que es conocido de todos es el famoso inspector de tránsito. Más oculto y sigiloso que francotirador de las Fuerzas Especiales, procurará mimetizarse con su entorno para aparecer en el momento menos esperado y saltar sobre los conductores, libreta y birome en mano.

No le va en zaga su oscuro patrón, el Sauron de Tolkien, el Lord Vader de la Estrella de la Muerte.
¿Sabe de quién le hablo? De su Intendente (el que sea que le toque).
Mago de magos, con la mayor de las simplezas le cobrará una patente que equiparará el valor de su coche al de los diamantes del Rajá de Bramaputra.

Y no es el único, porque su compañía de seguros usará alguna triquiñuela similar y le cobrará una póliza que ni los yanquis deben pagar por el Challenger.


A esta altura, muchos de los que leen este post sentirán que "están por fuera" de este asunto.
"Yo no tengo auto, así que no me afecta", se dicen para sus adentros.
Pues permítanme que me ría a carcajadas, como villano en película Clase B.

Este asunto también les incumbe. ¿Por qué? Pues porque en algún momento de sus vidas hacen uso de ómnibus o taxis.

Analicemos primero que nada a los conductores de ómnibus.
Su mundo gira a 16 kilómetros por hora (velocidad promedio de los ómnibus capitalinos), pero eso no impide que su mente trabaje rápido.
Artistas del malabarismo más eximios que los del "Cirque du Soleil", pueden hacer varias cosas al mismo tiempo: contar monedas, rascarse la oreja, operar las puertas, llenar extrañas planillas, girar el dial de su radio cumbiera, charlar con los ambulantes.....y conducir esos mastodontes inmensos.
Si les sobra tiempo se despacharán contra la madre y la hermana de algún taxista, de los cuales nos vamos a ocupar ahora.

El "tachero", como se le llama popularmente, se caracteriza por el "síndrome del atajo".
Por ejemplo: supongamos que usted se sube a un taxi y quiere ir a una dirección, para llegar a la cual siempre ha tomado un par de avenidas y nada más.
Pues bien, la mente del tachero no acepta eso. Le dejará a usted en el sitio deseado, por la misma plata que si hubiera ido por el camino conocido. Pero tomará tortuosas calles secundarias, meterá la trompa del auto en peligrosas bocacalles sin semáforos, se meterá en alguna estación de servicio para girar con más comodidad y así por el estilo. Es lo que él llama "un atajo".

Podría explayarme mucho más sobre este tema.
Pero creo que con lo dicho se ha redondeado un panorama suficiente del estrés que le causan los vehículos al hombre posmoderno.

Ah, se preguntará usted por qué afirmo en el título del post que los charrúas eran sabios.
Muy fácil: no conocían la rueda.