martes, 27 de abril de 2010

POR QUÉ LOS CHARRÚAS ERAN SABIOS


Si es cierto que las máquinas acabarán por dominarnos, estoy seguro que en el mundo robotizado del futuro los autos han de ser muy respetados, por ser el cachivache mecánico que más dolores de cabeza le dio al ser humano.

Y es que nos comportamos de manera muy extraña en relación a los vehículos motorizados.
Si se trata del primer auto que tenemos, suele ser adquirido con esfuerzo. Enseguida lo "personalizamos", porque al parecer no soportamos verlo como una simple máquina: le ponemos una cintita roja, un imán de algún santo, una calcomanía, qué se yo.


Casi que lo tratamos como a un hijo.
Lo cual, bien mirado, es coherente. Porque nuestro mecánico se encargará de hacernos creer que mantener bien un coche cuesta lo mismo que mantener un hijo (con Harvard y posgrado incluidos).

Ahí es cuando empezamos a ponernos maniáticos. "Le estoy sintiendo un ruidito al motor", decimos.
Y embromamos a todo el que se sube al auto con la misma cantinela: "¿Vos no sentis un ruido raro?"
Encima nos enojamos si el otro no oye nada extraño: "Claro, si no prestás atención...."

¿Resultado? Vamos al mecánico. Que nos espera con los brazos abiertos.
Le dejamos "la criatura" y a la media hora nos llama: "Menos mal que lo trajo, porque se le estaba por aflojar la bartrubia de la cirenaica". Que ni sabemos lo que es.
Clin, caja.


Para peor, nos ponemos tontos con los mecánicos. Igual que las mujeres con las peluqueras.
"Nadie me hace el color como Fulanita", dicen ellas. Haciendo énfasis en el NADIE.
Y no se dan cuenta de que Montevideo está repleto de peluquerías de damas donde otras tantas Fulanitas hacen el color como NADIE, según un montón de clientas.

Con el mecánico es lo mismo.
"Yo no le llevo el auto a nadie que no sea Fulano", decimos nosotros. Con énfasis en el NADIE.
Y no pensamos que otro montón de talleres tienen un fangote de clientes que piensan que NADIE es un mecánico tan bueno como el suyo.



Pero la sicosis automotriz puede asumir otras formas.
Están, por ejemplo, los que tienen terror de que les arruinen el tapizado del auto. Esos, si tienen hijos, los trauman para toda la vida.
Les hacen perder toda noción del bien y del mal, porque los nenes crecen pensando que es mucho más grave dejar un chicle pegado en el asiento de atrás, que violar a la directora de la escuela.

¿Y qué decir de los que temen que les rayen la pintura del coche?
Es fácil reconocerlos: son esos que empiezan a sudar copiosamente apenas tienen que dejar el auto estacionado en alguna parte.
Piensan que el cuidacoches les va a rayar la pintura. Piensan que el empleado del parking les va a rayar la pintura. Piensan en lo que hará el conductor del auto que está estacionado detrás cuando se vaya. Y el de adelante. Y el del costado.


Otra cosa que habrán notado es el problema de la transformación.
¿A qué me refiero con eso?
A un asunto por todos conocido: el tipo que es como el Doctor Jekyll en su vida diaria, pero lo ponen ante un volante y se transforma en Míster Hyde.

Amable, coherente, educado y respetuoso en su vida diaria, resulta que se sube al auto y en un tris-tras se convierte en un demente alocado de película.
Toca bocina, hace cambio de luces, grita improperios, se pone rojo de furia, se pelea con el mundo entero. Y se convence de que todos LOS DEMÁS conductores son unos burros. Él no, por supuesto.


Y hay otros personajes en la selva de las bujías.
Uno que es conocido de todos es el famoso inspector de tránsito. Más oculto y sigiloso que francotirador de las Fuerzas Especiales, procurará mimetizarse con su entorno para aparecer en el momento menos esperado y saltar sobre los conductores, libreta y birome en mano.

No le va en zaga su oscuro patrón, el Sauron de Tolkien, el Lord Vader de la Estrella de la Muerte.
¿Sabe de quién le hablo? De su Intendente (el que sea que le toque).
Mago de magos, con la mayor de las simplezas le cobrará una patente que equiparará el valor de su coche al de los diamantes del Rajá de Bramaputra.

Y no es el único, porque su compañía de seguros usará alguna triquiñuela similar y le cobrará una póliza que ni los yanquis deben pagar por el Challenger.


A esta altura, muchos de los que leen este post sentirán que "están por fuera" de este asunto.
"Yo no tengo auto, así que no me afecta", se dicen para sus adentros.
Pues permítanme que me ría a carcajadas, como villano en película Clase B.

Este asunto también les incumbe. ¿Por qué? Pues porque en algún momento de sus vidas hacen uso de ómnibus o taxis.

Analicemos primero que nada a los conductores de ómnibus.
Su mundo gira a 16 kilómetros por hora (velocidad promedio de los ómnibus capitalinos), pero eso no impide que su mente trabaje rápido.
Artistas del malabarismo más eximios que los del "Cirque du Soleil", pueden hacer varias cosas al mismo tiempo: contar monedas, rascarse la oreja, operar las puertas, llenar extrañas planillas, girar el dial de su radio cumbiera, charlar con los ambulantes.....y conducir esos mastodontes inmensos.
Si les sobra tiempo se despacharán contra la madre y la hermana de algún taxista, de los cuales nos vamos a ocupar ahora.

El "tachero", como se le llama popularmente, se caracteriza por el "síndrome del atajo".
Por ejemplo: supongamos que usted se sube a un taxi y quiere ir a una dirección, para llegar a la cual siempre ha tomado un par de avenidas y nada más.
Pues bien, la mente del tachero no acepta eso. Le dejará a usted en el sitio deseado, por la misma plata que si hubiera ido por el camino conocido. Pero tomará tortuosas calles secundarias, meterá la trompa del auto en peligrosas bocacalles sin semáforos, se meterá en alguna estación de servicio para girar con más comodidad y así por el estilo. Es lo que él llama "un atajo".

Podría explayarme mucho más sobre este tema.
Pero creo que con lo dicho se ha redondeado un panorama suficiente del estrés que le causan los vehículos al hombre posmoderno.

Ah, se preguntará usted por qué afirmo en el título del post que los charrúas eran sabios.
Muy fácil: no conocían la rueda.

9 comentarios:

vale dijo...

sabio total!! caricia necesaria y con humor ; ) gracias pelado

Mariolo dijo...

clap clap clap

Nominado al Post del Año

Ah ¿no existe ese premio?, no se, para mi si.
GENIAL.
Creo que lo copio y hago un poster.

Gaby dijo...

Verdades muy bien expuestas, pero adoro esos afiches!!!!

vale dijo...

huuu muy buena idea esa del poster

pelado1961 dijo...

Vale:

Me alegro que te haya gustado el post. Creo que es bastante justo!!

Beso.

pelado1961 dijo...

Mariolo:

Gracias por la buena opinión. Creo que el fondo del post es un sentimiento compartido por todo montevideano (y capaz que otros citadinos de otras partes también).

Un abrazo.

pelado1961 dijo...

Gaby:

Me pareció que los afiches eran muy apropiados para ilustrar el post.
En otra ocasión te prometo subir más (son todas publicidades reales de coches de otras épocas).

Un beso.

Samy dijo...

Creo que NADIE ha hecho un post como vos jejejje... me gusto muchisimo!! excelente!

pelado1961 dijo...

Y creo que NADIE lo ha comentado como tú, jajajajajajjajaja.

Hablando en serio: qué alegría que comentes, Samy.
¿Ese atorrante del Mariolo no te dejaba acceso a la computadora?
Mejor que no se haga el loco, jajajajaja.

Un beso grande para tí y un abrazo al Mariolo!!